El CV del traductor

CV

Curiosidad: “Vitae” se pronuncia [bíte]

Uno de los documentos que más actualizados e impolutos debemos tener siempre es nuestro curriculum vitae, ya que es nuestra mejor tarjeta de presentación cuando solicitamos un puesto como traductor en plantilla o cuando contactamos con agencias para ofrecer nuestros servicios. Merche García Lledó publicó una entrada muy útil, «El currículum del recién licenciado», sobre cómo hacer un currículum bueno y original que nos distinga de los miles que llegan cada día a la bandeja de entrada de las agencias (desde aquí aprovecho para decirte que el diseño de tu currículum quedó genial).

Entonces, ¿qué debe y no debe tener un currículum?

1. El encabezamiento

Podemos prescindir de titular nuestro currículum como «Curriculum vitae», ya que es bastante obvio lo que estamos presentando a la empresa o agencia. En su lugar, podemos directamente escribir nuestro nombre y apellidos y a qué nos dedicamos (es importante que empecemos por si somos un traductor, o traductor y corrector, o traductor e intérprete; y que especifiquemos qué combinación o combinaciones de idiomas ofrecemos).

A continuación, debemos proporcionar nuestros datos de contacto. Yo siempre digo que cuantos más, mejor, porque lo que queremos es abrir todas las vías de comunicación posibles y facilitarle el contacto a todo aquel que quiera solicitar nuestros servicios. En mi caso, yo tengo puesto: mi ciudad de residencia, Londres (no doy mi dirección porque, al fin y al cabo, los traductores podemos darnos el lujo de trabajar desde cualquier parte del mundo con cualquier persona), mi teléfono (IMPORTANTE: debéis incluir el prefijo internacional +34 para España, +44 para Reino Unido, etc.), mi e-mail y mi página web.

2. Experiencia laboral

Yo soy partidaria de ponerla en primer lugar, antes que la formación académica. Debemos ser claros, concisos e ir al grano. Este apartado debe ser lo más visual posible: el cargo desempeñado en cada empresa debe ser vistoso, las fechas deben ser claras (con poner el mes y el año es suficiente) y las funciones desempeñadas deben ser resumidas. Pensad en la cantidad de currículums que recibe un trabajador de recursos humanos al día, ¡como para ponerle acertijos!

Nota para los localizadores de webs: incluid un enlace a las páginas que hayáis localizado para que puedan tener acceso directo a vuestro trabajo.

3. La formación académica

Igual que la experiencia laboral, debe ser clara y vistosa: qué hemos estudiado, dónde, cuándo y qué especialidad (si procede). Es mejor no meter paja, como el bachillerato, la ESO o equivalentes; se sobrentiende que si tenemos un título universitario, es porque poseemos la correspondiente educación media.

Si habéis estudiado algún ciclo formativo de formación profesional, sí es relevante incluirlo. Puede ser importante a nivel de conocimientos técnicos sobre ciertas materias.

4. Idiomas

Ni que decir tiene que los idiomas que manejamos deben estar ordenados «de mayor a menor», es decir, desde nuestra lengua materna (o lenguas) hasta las lenguas en las que tenemos menos nivel (lengua C, D o sucesivas). Es importante destacar que solo debemos traducir en aquellas lenguas que manejamos realmente (en mi caso por ejemplo tengo un nivel de inglés suficiente como para realizar traducciones especializadas, pero mi nivel de francés no me permite ir más lejos de la traducción general, y con el italiano ni me atrevo). Sin embargo, eso no quita para que, aunque haya lenguas para las que no ofrecemos nuestros servicios, podamos incluirlas en nuestro currículum. Al fin y al cabo, ya especificamos en el encabezamiento qué combinaciones de idiomas ofrecemos y añadir idiomas en los que tenemos un nivel intermedio transmite la idea de que estamos en continua formación.

Si tenemos títulos que acreditan nuestro nivel de idiomas, podemos incluirlos (deben estar actualizados y reflejar nuestro nivel real; queda muy mal poner ese FCE que nos sacamos en el instituto si lo que estamos ofreciendo es traducción EN > ES).

Subapartado en «Idiomas»: servicios ofrecidos para cada combinación de idiomas

Si indicamos qué servicios específicos ofrecemos para cada combinación de idiomas, nos evitaremos e-mails con encargos que no podemos cubrir, ahorrando tanto nuestro tiempo como el de la agencia. Por ejemplo:

DE > ES

  • Traducción científico-técnica
  • Localización de videojuegos
  • Revisión de textos

FR > ES

  • Traducción general y periodística
  • Revisión de textos

5. Habilidades informáticas

No basta con poner “Manejo de Office y Windows nivel usuario”. Los traductores tenemos que ofrecer habilidades informáticas acorde con nuestra profesión. Si aún no manejáis las herramientas TAO, os recomiendo que empecéis a mirar tutoriales y a familiarizaros con ellas, ya que son fundamentales en esta era digital. Podéis echar un ojo a mi entrada «Kit básico de iniciación a la traducción profesional», en la que hablo de la importancia de iniciarse con estos programas.

Si tenemos otras habilidades que puedan ser de interés para nuestra profesión (todo cuenta), debemos incluirlo: programas para subtitulado (podéis mirar el programa AegiSub, gratis, y la web Dotsub), conocimientos SEO, etc.

6. Cualidades personales

Aunque se llame así, se refiere más a cualidades profesionales, o a cualidades personales que puedan influir positivamente en tu trabajo. Debemos transmitir un gran entusiasmo por las lenguas acompañado de la mejor profesionalidad y precisión en nuestro trabajo. (Actualización: En la última versión de mi CV, he “camuflado” esta parte en el resumen del encabezamiento, ya que el CV me ocupaba dos páginas y no me quedaba sitio para añadir un apartado extra).

Para terminar, me gustaría comentar algunos detalles y aspectos generales que considero importantes para hacer que nuestro currículum capte la atención del que lo recibe:

El diseño. Es lo primero que se ve, por tanto debemos darle un diseño a nuestro currículum diferente al currículum clásico de Times New Roman tamaño 12. En internet podéis encontrar plantillas muy originales que podéis personalizar, o directamente podéis crearos el vuestro propio. Lo importante es que sea visual, que no esté muy saturado de datos y colores (si vais a utilizar colores, no más de dos y que no sean muy chillones) y que transmita confianza y elegancia.

La fotografía. Unos dicen que se debe poner, otros que no. Lo cierto es que depende un poco del país. Mi currículum en español suelo enviarlo con foto, mientras que en el currículum en inglés la he excluido (en el Reino Unido recomiendan prescindir de la fotografía en general para los currículum). Si optáis por ponerla, debe ser una foto en la que se os vea profesionales (nada de fotos recortadas cuando os fuisteis de vacaciones a Caños de Meca) y que esté actualizada. Yo recomiendo poner una foto en la que se os vea sonrientes o por lo menos alegres y tranquilos. Una expresión demasiado seria, un ceño fruncido o una cara de dormido pueden tener efectos muy negativos.

El pie de página. Cada detalle cuenta, y un pie de página en el que incluyáis de nuevo vuestros datos de contacto le da un toque muy personal a vuestro currículum. Actualización: en mi última versión del CV no incluí un pie de página porque me pareció que sobrecargaba visualmente el estilo del CV. Se trata de un elemento recomendable, pero opcional. Como todo en esta vida, conviene adaptar cada consejo recibido a nuestras circunstancias particulares.

La carta de presentación. Cuando enviéis vuestro currículum, debéis incluir una carta de presentación dirigida a la persona o agencia a la que le estáis enviando el currículum. En ella, debemos resaltar nuestra experiencia, educación y cualidades que consideramos que a dicha agencia le pueden interesar. La carta de presentación es tan importante como el currículum, si no más, ya que es muy probable que sea lo primero que lea la persona en cuestión, y con ella se hará una idea de nuestra personalidad según nuestra forma de escribir. Así que como siempre: buena redacción y nada de faltas de ortografía.

Y como sería muy injusto terminar esta entrada sin enseñaros mi currículum, aquí os dejo un enlace en el que podéis verlo.

Por último, me gustaría terminar con algunas curiosidades y dudas frecuentes acerca de la palabra curriculum vitae

  • «Vitae» se pronuncia [bíte] no [bitáe]
  • Según la Ortografía de la lengua española (2010), no se acentúan los latinismos y deberán ir en cursiva, por tanto debemos escribir «curriculum vitae», pero según Fundéu, «currículum», a secas, sí se acentúa.
  • El plural de «currículum» es «currículums», y no «*currícula»

La experiencia no se compra, ni se regala: se sigue y se consigue

Frodo Baggins and real life cycle...

Me gustaría escribir esta entrada a modo de aclaración por mi entrada anterior “Traducciones voluntarias: una opción para adquirir experiencia”.

Parece ser que esta entrada ha levantado ampollas entre muchos y ha sido bastante criticada por el tema de que al traducir gratis, estamos devaluando y deteriorando nuestra profesión. En otras palabras, traducir gratis es tirar piedras sobre nuestro propio tejado. No voy a decir que no, verdaderamente la traducción en muchas ocasiones no se considera una profesión y muchos piensan que es un pasatiempo, una forma de entretenernos, y que los traductores no comemos, que nos alimentamos del aire. De ahí que muchos amigos nos digan: “¿me traduces esto?” “soy colega, a mí no me vas a cobrar” o “hazme precio de amigo” y muchas otras perlas que estamos cansados de oír.

Por otro lado, creo que todas esas críticas que ha recibido mi publicación, han sido por parte de lectores que no han debido interpretar mi mensaje de la forma que yo quería que se entendiera. Dicen que a buen entendedor, pocas palabras bastan, pero yo entono el mea culpa y añado esta entrada para dejar claro mi punto de vista como traductora.

El que yo haya recomendado colaborar voluntariamente como traductor en ciertas organizaciones no significa que yo defienda la idea de que se debe traducir gratis toda la vida, o que un traductor fundamente su carrera en traducciones voluntarias o que debamos vender nuestro trabajo al mejor postor sea al precio que sea. No, no, no y no. No es eso lo que vengo a decir.

En primer lugar, pensemos qué significa colaborar como voluntario. Un voluntario actúa libremente ayudando en la medida que puede con una organización que tiene una causa que le gusta, que le aporta algo a su vida, a su mundo o a su forma de hacer las cosas. Nadie le obliga ni nadie le presiona para que colabore: lo hace él solito porque quiere, porque disfruta o porque le apetece. ¿Cómo colabora un voluntario? Pues los hay de mil maneras: unos van a un comedor benéfico a servir comida, otros se van de misioneros a África y otros deciden aportar su conocimiento para actividades de diversa índole. En el caso de los traductores voluntarios, ponen su experiencia al servicio de las causas que ellos eligen o que a ellos les interesan para colaborar con proyectos sociales (o lo que sea). ¿Qué hay de malo en eso?

Un voluntario colabora, no trabaja. Un voluntario accede libremente y acepta o no las condiciones que le pone la organización. Un voluntario elige si hace o no hace una traducción. Un voluntario no tiene que pasarse tres días sin dormir para entregar una traducción. Un voluntario no está obligado a hacer un encargo especializado de 10.000 palabras para que otro se lucre. Lo ideal, es que un traductor voluntario traduzca textos que le interesen para, además de ayudar a la causa, ir perfeccionando su técnica.

Esto es como todo en la vida: los timadores salen de veinte en veinte de debajo de las piedras para aprovecharse de la buena fe de algunas personas, pero para eso hay que ser listo y utilizar el sentido común. Si una organización tiene mala pinta, sospechas de que quiere aprovecharse de tus servicios o te pone unas condiciones abusivas para que colabores con ella, pues se descarta y punto. Nadie nos obliga a traducir voluntariamente, ni a aceptar condiciones degradantes (y mucho menos si no se nos paga).

Pero claro, es muy fácil poner cara de ogro y hacer crítica destructiva. “Eso son estafas para reventar el mercado de la traducción”, “se aprovechan de que siempre hay alguien que lo hace gratis para acabar con nuestro trabajo”, “si no te contratan de recién graduado, es porque no eres bueno”, en lugar de aportar alternativas a cómo conseguir experiencia remunerada cuando uno sale de la carrera, en lugar de compartir su experiencia para que los noveles también aprendan y puedan encontrar un lugar donde establecerse en esta profesión que a veces parece un acuario de pirañas.

Quizá muchos hayan tenido la enorme suerte de encontrar el trabajo de sus sueños, en una agencia que les paga decentemente, según han salido de la carrera, pero no nos engañemos: la mayoría de empresas ven un currículum sin experiencia y lo mandan a la papelera sin miramientos, sin ni siquiera hacerle una prueba de traducción al candidato que igual es hasta el traductor del año.

Muchos traductores senior recuerdan a los padres cuando les echan la bronca a sus hijos adolescentes y los hijos responden: “ya no te acuerdas de cuando tenías mi edad”. Es un poco así. Parece que muchos no se acuerdan de cómo han llegado donde han llegado, o quizá muchos se olvidan de que cuando entraron en el mercado, la crisis aún no se había llevado por delante todo, y que ahora las cosas no funcionan igual que hace 10 o 15 años.

Defendamos nuestra profesión y luchemos cada día por que se nos respete como profesionales y por que nuestras condiciones de trabajo mejoren y dejen de ser abusivas, pero no nos olvidemos de aportar nuestro granito de arena para que otros aprendan de nuestra experiencia, y que esto no se convierta en una caza de brujas.

La experiencia es la formación más valiosa que podemos adquirir, y también la más difícil de alcanzar.

Traducciones voluntarias: una opción para adquirir experiencia

volunteer

En un CV podemos poner infinitos títulos universitarios, idiomas con su correspondiente acreditación, cursos y formación complementaria, másters carísimos y todo lo que se nos ocurra en el apartado “Formación y educación”, pero a la hora de la verdad, las empresas se fijan en la experiencia, algo que desafortunadamente no se compra con títulos ni cursos.

¿Cómo comenzar a ganar esa experiencia que tanto valoran las empresas y sin la cual no conseguiremos meternos en el mercado? Una buena opción es realizando traducciones voluntarias.

Existen infinidad de portales y organizaciones sin ánimo de lucro que buscan traductores (titulados o estudiantes) que les echen una mano de muy diversas formas: con traducciones, revisiones, publicaciones sobre contenido de temática diversa, subtitulado, etc. Además de ganar experiencia y conseguir referencias que podremos ir incluyendo en nuestro CV, estaremos colaborando desinteresadamente por una buena causa, aportando nuestro granito de arena para hacer entre todos un mundo mejor 🙂

Las ventajas de traducir voluntariamente son muchas. Aunque no recibamos remuneración a cambio, es bastante probable que podamos dedicarnos a traducir textos que nos gusten y nos interesen, sin fechas de entrega ajustadas que no nos dejen dormir durante varias noches. Y por supuesto, desde mi propia experiencia os digo que es algo que os puede realizar tanto personal como profesionalmente.

Entre las organizaciones con las que podéis colaborar se encuentran:

¡Espero que os sirvan!